1 de diciembre de 2013

De ti conozco...

¿Me dejas un sitio para acomodarme en tu pensamiento? 
Conoces esa sonrisa tan traviesa que juega al escondite tras los mechones de pelo que caen sobre mi cara tan bien como yo conozco esa sonrisa tuya que me hace sentir una niña otra vez. Esas manos que se entrelazan con las mías, acariciándolas, haciéndome sentir de terciopelo o tu pecho con ese impulso al respirar y sus latidos tranquilos que me dejas escuchar mientras duermes. Tus risas...esa risa nerviosa, esa risa malvada tan dulce y esa risa que se te escapa cuando quieres algo y no sabes cómo expresarte. Esa forma de mirar tan tuya, que se ha hecho a mí con la rapidez de un suspiro. Tu orgullo y tu impaciencia mezclados con tu dulzura y ese romanticismo que tan pocas veces dejas ver. Ese olor inconfundible que pide a gritos besos y caricias, y que yo soy la afortunada de darle gusto a esa petición. Tú, tú te has dejado conocer, tanto que conozco el recorrido de tus lunares y sé que si paso mis dedos por tu cuello de una forma delicada, tu cuerpo se convierte en un sinfín de sensaciones en forma de un escalofrío. 
Quizás no te conozca del todo, pero sí lo suficiente para saber que ya me he acomodado en tu pensamiento y que ahora sonríes mientras recuerdas algunos momentos. 

De ti conozco que te quiero, ahora tú conóceme a tu manera. 
¿Me dejas más sitio para acomodarme? Pero ahora en tu corazón...

17 de noviembre de 2013

Y ¿si nos comemos el mundo?


Quizás esté dándole un lujo a mi habitación que no se puede permitir,y dejo la cama deshecha, ni siquiera me paro a pensar que nadie la hará por mí. Mis pasos suenan suaves y algo torpes, las mañanas me recuerdan que el equilibrio lo pierdo y lo gano en cuestión de segundos. Una taza llena de leche, música sonando desde una radio lejana que está más vieja que nueva y las canciones que suenan las tarareo sin ningún problema. 
Salgo de la ducha y camino por el pasillo pensando algo que ponerme para tapar las heridas no visibles que me han dejado los sueños no cumplidos, la esperanza hecha trizas y quizás los comentarios y miradas que sin quererlo te destrozan. 
Me miro al espejo y pienso que no es uno de los mejores días que he tenido pero creo que me merezco regalarme una sonrisa, igual hoy la gente se ha vuelto invierno y yo me ilusiono siendo primavera. Sonríe. Un poco mejor. Sin esfuerzos. Así. Muy bien, sonríe de esa manera tan natural. Me repito una y otra vez. 
El teléfono suena pero prefiero que retumbe en esta casa algo de sonido que no sea música, a veces me creo que ese timbre tan agudo es su risa, y eso me hace feliz. 
Salgo a la calle y me dispongo a andar, un rumbo fijo pero lento. Déjame, necesito pensar. Pienso, vuelvo a pensar y creo que incluso me doy el capricho de soñar. Y sueño, y hasta me olvido de la realidad. Entonces me dan igual sus miradas y sus pensamientos, sus reacciones y sus formas de actuar. Soy feliz. Caminar sin atender a nada, simplemente a mis pensamientos. Soy libre de soñar pero, como siempre, me esclaviza el despertar. 
Y ese es el momento, cuando me duele despertar. Fijarme que la realidad es distinta. Estoy casi llegando a mi destino y me he vuelto a desilusionar. La gente es invierno y yo me he convertido en ese pequeño brote que está a punto de brotar del todo. Sus frías miradas y sus fríos actos son los mismos que se clavan y hacen daño. 
No sé si soy yo en mi versión más distorsionada o es que la gente deberíamos volcar todos nuestros defectos y comprender que las virtudes no sólo nos enseñan en esta vida. Ojalá las apariencias no lo fueran todo y dejáramos los clichés para otro momento. 
Vuelvo a casa y me encierro en esa habitación "lujuriosa" que había dejado atrás hace unas horas. Ese es mi rincón seguro, nadie puede hacerme daño. Ahí me encuentro con mis sueños y mis pensamientos y ahí...ahí es donde pienso que el mundo a veces se viene a bajo pero por eso es bonito desenvainar la sonrisa ante el espejo y salir creyendo que te vas a comer el mundo. 
Todos, absolutamente todos, tenemos derecho a vivir felices y no deberíamos dejar que nadie ni nada nos lo impidiera. 





4 de noviembre de 2013

Hazme la guerra.

Hojas muertas por el suelo que reviven con el caminar suave de tus pasos. Hoy son los fríos y otoñales colores cálidos los que se reflejan en tu cuerpo y tu sombra simplemente se tambalea por esa acera húmeda que han dejado las últimas lágrimas del cielo. Abres la puerta y el ruido de las llaves descansando sobre la madera me hace saber que estás aún más cerca, quizás sean las ganas o tal vez eres tú, buscándome las ganas. Tus pasos se acercan sigilosamente y ahí, es cuando me doy cuenta que tu calor empieza a hacer presencia por la casa. El ruido de la calle nos impone nuevas reglas, terminar dejándolo mudo montando una nueva guerra. 
Yo te declaro la guerra y tú me quitas los escudos, me arrancas la coraza y me dejas a corazón descubierto. Sabes que ganas la batalla y con tu sonrisa me haces sacar la bandera blanca, me rindo y hago caso a aquel lema que decía: "Haz el amor y no la guerra".
Que las banderas blancas nos envuelvan y descubramos la libertad. Dejas de lado las armas, sabes que las utilizas demasiado bien como para que sigan haciendo falta. 
La suerte de esta guerra es que es buscada, lo bonito de ella es que es deseada y lo más guerrero de ella es que me arañas el alma con una simple mirada. 

Empecemos una nueva guerra que así podremos amarnos más.